Y jamás volverás a escuchar esas palabras que de mi boca salían, esas que te demostraban lo mucho que te amaba y lo
importante que eras para mí. Ya no sigas insistiendo, esto se acabó, cada uno tomó caminos, que lo único que espero, no se vuelvan a cruzar. Y si alguna vez, por casualidad nos miramos como antes, nos sentimos como antes, nos extrañamos como antes, sólo aléjate, ya no quiero nada de ti.
Me engañaste, me dijiste que me amabas, y ahora mira cómo me pagas. Aléjate, sal ya de mí, no quiero más discusiones absurdas, ni llantos solitarios.
Existen cuatro cosas en la vida que jamás se recuperan: la piedra después de arrojarla, la palabra después de decirla, la ocasión después de perdida, y el tiempo después de pasado.